jueves, 20 de octubre de 2022

Tiempo para la poesía: despejado.


Qué alegría para los que 
no siguen el consejo de malos, 
ni andan con pecadores, 
ni se juntan con burlones, 
sino que se deleitan en la ley del Señor 
meditando en ella día y noche. 
Son como árboles plantados a la orilla de un río, 
que siempre dan fruto en su tiempo. 
Sus hojas nunca se marchitan, 
y prosperan en todo lo que hacen.
Salmos 1
*

Poesía 
Del fr. poésie, este del lat. poēsis, y este del gr. ποίησις poíēsis. 
1. Manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa. 
2. Cada uno de los géneros en que se dividen las obras literarias. Poesía épica, lírica, dramática. 
4. Poema, composición en verso. 
¿Cómo? ¿Tú lees poesía?, me preguntó con ojos sorprendidos. 
Me ruboricé un poco. Una pizca. 

Bueno, unos leen logaritmos, partituras, coordenadas o griego, vaya, sí, griego (mi amiga T, experta ella en lenguas antiguas). 
Yo –modestamente- leo poesía. 
Más aún, la observo cada día en las calles, en el aire, en la fila del banco o en los pasillos del supermercado. 
Todo es poesía. 
El mundo está lleno de belleza y podemos interpretar sus destellos con diversas fórmulas. 

Mi amigo C. observa el cielo, toma fotos panorámicas de la luna. 
R. ve simetría en las estelas de nieve;  geometría, cálculo y ecuaciones hasta en las hojas que se mecen en la brisa. 
O un músico escucha melodías hasta en el chirrido de las micros, un pintor… en fin, música, forma, color, perfume, sabor, el mundo es  multifacético como para remitirnos solo a una expresión. 
 
*
Te regalo un poema: 

  LEE SEÑOR MIS VERSOS DEFECTUOSOS

Lee, Señor mis versos defectuosos
que quisieran salir pero no salen:
ya ves que poco valen mis esfuerzos
y mis desdichas ay qué poco valen

Con tu ayuda saldrían universos
de palabras preñadas pero salen
débiles moribundos estos versos:
deja que el último suspiro exhalen

Ayúdame, Señor: que no zozobre
en la mitad de este terceto pobre
mira estas ruinas: palpa su estructura

dónales lo que tengas que donarles:
y la vida que yo no supe darles
dásela tú, Señor, con tu lectura.

Oscar Hahn, chileno.

*

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