Jesús les contó una historia a sus discípulos
para mostrarles que siempre debían orar
y nunca darse por vencidos.
«Había un juez en cierta ciudad
—dijo—,
que no tenía temor de Dios ni se preocupaba por la gente.
Una viuda de esa ciudad acudía a él repetidas veces para decirle:
“Hágame justicia en este conflicto con mi enemigo”.
Durante un tiempo, el juez no le hizo caso, hasta que finalmente se dijo a sí mismo:
“No temo a Dios ni me importa la gente,
pero esta mujer me está volviendo loco.
Me ocuparé de que reciba justicia,
¡porque me está agotando con sus constantes peticiones!”».
Lucas 18:1-5 NTV
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Fotografía ilustrativa tomada de aquí:
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