viernes, 24 de junio de 2022

En Dios confiamos.

Es mejor confiar en el Señor 
que confiar en simples mortales. 
Es mejor confiar en el Señor 
que confiar en gente poderosa. 
Salmos 118:8-9 RVC 
*
Confiar. 
Esperar con seguridad y credulidad que algo suceda o que alguien se comporte como se desea. 
Encargar algo a alguien o ponerlo bajo su cuidado: 
Diccionario Wordreference 

¿Dónde se fue la confianza? 
¿Puedes decirme en qué tramo del camino se perdió´? 
La confianza es un bien que está cada vez más escaso y se hace necesario recuperar.
Vas por la calle y te sigue un muchacho; piensas que te quiere robar la cartera, el pobre chico solo quería ofrecerte una promoción de un nuevo champú. 

Ya no se confía en las grandes promesas ni en el vendedor que en el retail te asegura que una marca es mejor que otra. 

Se desconfía de las autoridades, en especial de los políticos; tendemos a generalizar y a poner a todas las personas en el mismo nivel; ahí es cuando tenemos que aprender a hilar más fino. 

No todo mundo es indigno, cruel o malevo. 
Tal vez desarrollar confianza es un síntoma de crecimiento personal. 
La vida es confiar, a pesar de las malas experiencias, desencantos o infortunios. 
Un amigo me dijo: “Estoy tentado de ingresar a un convento. Me tiene chato la actualidad, las noticias, la política, la pandemia, estoy sobrepasado.” 

Aun en un máximo aislamiento, la confianza   da vida, nos recuerda cuán humanos somos y que  cada uno tiene una cuota de responsabilidad frente al otro. 
Tal vez por eso el Señor es tan determinante: 
“¡Ay del mundo por los tropiezos! Es inevitable que haya tropiezos, pero ¡ay del hombre que los ocasione!” Mateo 18:7
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